Una comparación.

 

¿Te acordás del famoso correcaminos y del coyote? Uno enloquecido por atrapar al otro. El otro, cuyo único fin en la vida era correr para no ser atrapado… ¿Loco no? Depende el día, a veces me siento uno y a veces el otro. Y en este momento aparece el concepto: autoexigencia.

autoexigencia

 

Corriendo para llegar al trabajo, al turno del médico, a la peluquería. Corriendo hasta para las cosas que tendrían que ser un momento de placer…

Corriendo para cumplir con todo lo que te proponés y todo lo que esperan de vos. Siempre corriendo…

Este es un blog de viajes, pero cuando estás por viajar y tenés que cumplir con distintas obligaciones, la newsletter semanal, el artículo de la semana y prepararte para el viaje, sentís que el tiempo no te alcanza.

Querés hacer todo lo mejor posible y de golpe te paralizás… y querés disfrutar del viaje que estás por empezar… Egipto, las pirámides, el Nilo…pero estás pensando en todo lo que te falta hacer.

Invertiste $ y tiempo para planearlo, pero antes querés dejar todo perfecto ¿? Qué agotamiento ¿no?.

Por todo esto se me ocurrió este artículo para este domingo.

 

 

Qué es la autoexigencia?

 

La autoexigencia implica convertirte en un esclavo de tus obligaciones y muchas veces esto no se limita sólo al ámbito laboral sino que traspasa la vida personal.

Esta actitud exige un gran gasto de energía y una lucha continua contra el tiempo. Las horas del día no te alcanzan. No disfrutás ni del trabajo ni de tu tiempo libre, porque estás permanentemente con la mente ocupada pensando en lo que tenés que hacer.

La autoexigencia además viene acompañada por una baja tolerancia a la frustración y a las críticas y ocasionalmente conlleva el peligro de desatar una crisis de ansiedad.

Como verás, nada bueno. Entonces, acá van un par de tips que pueden ayudarte a hacerle frente a este generador de estrés e insatisfacción.

 

 

6 Tips para combatir la autoexigencia

 

 

No dejes que gane la frustración.

 

Como te contaba en el párrafo anterior, uno de los peligros de la autoexigencia es frustrarte. Y eso puede llevar a que abandones tu proyecto o tu objetivo final.

¿Qué hago para evitar la frustración? Me pongo metas de corto plazo y realizables. Esto me hace acordar a una película que vi hace tiempo ¿“Qué pasa con Bob?”.

En ella, Bill Murray tenía todas las fobias imaginables, a tal punto que sigue a su psiquiatra Richard Dreyfuss, en sus vacaciones porque tenía que consultarle ante la mínima decisión que tuviera que tomar. El psiquiatra que ya estaba cansado del asunto, le explica que tenía que lograrlo por él mismo, aunque fuera de a poco. Estas pequeñas decisiones las llamaba “baby steps o pasitos de bebé”.

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Esta técnica es la que uso para no frustrarme. Pasitos de bebé. Metas cortas y realizables. Una vez logradas sigo con la siguiente.

Y si no sale bien, no hay problema. Lo vuelvo a intentar. Seguramente la vez siguiente me saldrá mejor.

 

 

Perfeccionismo vs. Acción

 

Muchas veces, en nuestro afán por que todo esté perfecto demoramos la acción.

Por miedo a cometer errores dejamos de hacer cosas. Queremos tener evaluadas todas las posibles alternativas y todas las posibles soluciones a los problemas que puedan surgir, cuando esto es imposible. Enterate y relajate!

autoexigencia

Este comportamiento produce un gran desgaste, porque la vida es un cambio permanente y no podemos tener todo previsto.

Cada fin de año hago mi balance, viendo lo que hice bien, lo que podría haber hecho mejor, lo que me propongo para el año siguiente. La flexibilidad es una materia que tengo hace tiempo como una materia pendiente.

Creo que es el secreto para poder transitar la época que nos tocó vivir.

 

 

Olvidate de los mandatos

 

Nos han inculcado desde chicos una serie de valores, modelos a seguir y pautas de comportamiento que, por supuesto, sirven como marco hasta determinado momento. Cuando llegamos a la edad adulta, somos capaces de discernir qué es lo que está bien y lo que está mal, lo que queremos para nuestra vida y lo que no.

Pero, hasta que logramos salir del viejo esquema, tenemos una lucha titánica para vivir de acuerdo a lo que nos inculcaron nuestros más profundos afectos y lo que queremos nosotros mismos. Aparece el temor a ser rechazado o a no pertenecer.

Ya es hora de dejar de vivir de acuerdo a las expectativas ajenas y de querer conformar a todos.

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Seguramente, va a haber un tiempo de roces y acomodamiento, pero al final los vínculos importantes sobreviven, y a la larga todos somos más felices. Bajo otros paradigmas por supuesto. Pero dejando atrás los mandatos y viviendo según nuestras propias reglas.

 

 

Festejá tus logros.

 

Otro de los peligros de ser tan exigente con uno mismo es que no disfrutás del camino.
Por querer llegar al objetivo, perdemos de vista lo lindo que es el camino para lograrlo. Todo lo que vamos consiguiendo día a día.

Acá te comparto algunas lecciones que aprendí este año.

En lugar de obsesionarte por todo lo que te falta para llegar a tu objetivo, frená un minuto y mirá para atrás.

No seas tan rígido con vos mismo y reconocé todo lo que conseguiste en los últimos meses. Estoy segura que avanzaste y aprendiste infinidad de cosas. Que no estás parad@ en el mismo lugar.

Por ello, festejá tus logros en lugar de reprocharte lo que no conseguiste. Anotalos en un cuaderno, compartilos con la gente que te quiere y aún con la que no te quiere. A lo mejor también le sirven a ellos.

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Las odiosas comparaciones

 

Los medios en general, la televisión, diarios y revistas y las redes sociales especialmente, muestran personas exitosas, lindas y con cuerpos espectaculares, con la mejor ropa y disfrutando de muchas cosas materiales.
En nuestro ámbito particular, seguramente habrá alguien que sea más exitoso que nosotros.
Yo te digo: ¿Y qué?

Las comparaciones también provocan una autoexigencia desmedida. Y acá te propongo: no te compares con otras personas. Comparate con vos mismo. ¿Mejoraste, evolucionaste? ¿Sentís que sos mejor que tu yo de hace unos meses atrás?

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Y cuando te digo esto, también te digo ¡ojo¡ Muchas veces somos muy duros con nosotros mismos. No seas tan duro cuando te equivoques o cuando las cosas no salen exactamente como las planeaste.

Si te gusta a dónde llegó alguna persona, no lo hagas para compararte. Tomalo como un referente, como un modelo a seguir, pero sin presiones, sólo como una guía.

Los tiempos están cambiando… Ya no se trata de competir sino de compartir. Tratá de participar en grupos con personas relajadas, optimistas y que te puedan brindar apoyo en momentos de zozobra.

 

 

Desconectate de todo y compartí momentos con tu familia.

 

Seguramente notás que tu familia se queja porque estás dedicando muchas horas a tu trabajo. La parte buena es que te diste cuenta, pero entonces, tomá medidas.

Buscá momentos para compartir con ellos, inventá programas y salidas. ¡Divertite!

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Más allá de que tengas un objetivo muy importante y tiempos establecidos para conseguirlo, hay momentos en que hay que apagar celular, compu y Tablet.

Descalzate, sentí el pasto y salí a pasear con tu familia.

 

Reflexión final.

 

  • Ponele un STOP a la autoexigencia.
  • No estamos participando en una maratón. Tener propósitos en la vida está muy bien, pero no tenemos que vivirlo como una carrera contra el tiempo.
  • Tenemos que aprender a disfrutar del camino y de las metas intermedias que vamos logrando. El camino a veces será más fácil y otras más duro. Pero todo tiene solución.
  • Si cometemos errores, no hay problema, lo volvemos a intentar. Se hace camino al andar. Hay que aprender a manejar la frustración.
  • Es preferible equivocarse a quedarse paralizado por la inacción buscando la perfección.
  • Compartí en lugar de competir. Es increíble lo que vas a conseguir después de dar.
  • ¡Festejá tus logros! Existe un montón de gente que se va a poner feliz con vos y que te va ayudar cuando el ánimo decaiga.

Como la mayor parte de las cosas en esta vida, luchar contra la autoexigencia requiere un trabajo diario y constante. Pero, como todos los hábitos, cuestan más al principio, pero después salen naturalmente, ¡ así que manos a la obra!

 

Mientras termino este post me digo a mí misma. Leelo seguido y no te olvides de aplicar lo que escribiste.

 

¿Te pasa esto de sentirte agotada por la auotexigencia?. ¿Te gustaría compartir alguna de las herramientas que usás para bajar los decibeles?

 

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