Una metáfora.

Estoy convencida que la vida es como el movimiento de las olas. Algunas son más grandes y otras más fuertes. Algunas casi no las sentís. A veces el mar está plano como una pileta. Y unas pocas pueden ser mortales si te sorprenden desprevenido o no tenés las herramientas para enfrentarlas.

Vengo de unos meses de pura energía, dedicándole muchísimas horas del día al relanzamiento de mi página web. Con algunos contratiempos, apuros, indecisiones y por qué no, malos momentos.

El 15 de enero, el estrés del día D, donde todo salió maravillosamente y me llenó de euforia. Los números de visitas superaron los esperados, las felicitaciones y los comentarios positivos me hicieron sentir que había valido la pena el esfuerzo realizado.

 

El día después de la euforia.

En este momento, estoy viviendo el “día después de la euforia”. Días de mar plano y días de olas muy fuertes. Mi vida está como el tiempo. Muy loco y muy cambiante.

Mi mentor me contó que el hecho de emprender llevaba consigo momentos de mucha soledad e incomprensión. Y tengo que decir que es verdad. Aún la gente más cercana no entiende lo que significa para mí este momento: expectativa, esperanzas, intención de cambiar de alguna manera la vida de alguien, crecer vos misma.

Si a eso se suma alguna decepción de algún ser cercano, la muerte de alguien lejano pero querido y algún comentario malicioso, resulta un cóctel explosivo.

 

Síndrome del Impostor.

Entra en acción el famoso síndrome del impostor. ¿Saben de qué se trata?

En mi caso preocuparme excesivamente por lo que la gente pensará de lo que escribo, de mis fotos, si molestaré a alguien con alguna de mis opiniones.

 

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Tengo que reconocerlo me afectan profundamente las críticas cuando son destructivas. No así, las bienintencionadas. No puedo entender la gente que quiera molestar a otra por su resentimiento interno.

Sé que tengo que trabajar mi sensibilidad. En eso me ayuda, mi pareja y socio en la aventura, que no le importa NADA de la opinión ajena.

 

Permitite caer de vez en cuando.

Es en esos momentos donde todo el mar se pone como una pileta y siento que se acabó el caudal de energía, cuando me permito hacer un parate. Proceso lo que me está pasando, intento encontrar soluciones, hablo mucho con mi gente y hago planes para el futuro.

Porque acordate TODO PASA. Hasta la tormenta más negra se transforma en un cielo azul brillante. Puede llevar más o menos tiempo, pero todo pasa…

Y además, sé que es una frase hecha, pero aplica: un tropezón de ninguna manera es una caída.

 

Y entonces empieza el círculo virtuoso.

Soy muy perseverante, deben ser las raíces vascas mezcladas con las genovesas.

Siento que he logrado mucho desde que empecé.  Y disfruto mucho con mis logros. Sé que los merezco y no los boicoteo. Los comparto con quien quiera oírlos.

Tengo más energía que muchos jóvenes. La edad es un tema que me preocupa, siempre siento que empecé tarde. Y que corro con desventaja en algunos casos pero en otros se transforma en ventaja.

Le planto batalla a la tecnología. Lo intento, lo intento. Leo, busco, pruebo. !Y lo consigo!

 

Reflexión final.

Lo que te quiero transmitir, es que te permitas días malos, todos podemos tenerlos. ¡Pero tratá de que no duren mucho!

Cuando te sientas mal, acordate que todo pasa y es sólo cuestión de tener un poco de paciencia.

¡Hacé planes! Anotate finalmente en ese curso o actividad postergada desde hace tanto tiempo.

Reflexioná y dedicate tiempo para vos mismo.

No te aísles. Reunite con la gente que realmente vale la pena.

¡La vida es un regalo que dura muy poco. No desperdicies días sintiéndote mal!

Y el mejor remedio SOÑA – PLANEA – VIAJA

carcassonne

 

Les dejo una nota sobre la autoexigencia de Oye Deb. «Te has permitido alguna vez ser improductiva».

 

A lo mejor a vos también te pasa que te caes por momentos pero… qué es lo que te ayuda a levantarte?

 

 

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