Hay lugares que uno visita por recomendación.
Otros aparecen mientras planificamos un viaje.
Y después están esos lugares que parecen haber sido creados simplemente porque alguien soñó con vivir de determinada manera.
El Hotel Bodega Aráoz de Lamadrid pertenece a esa última categoría.
Aráoz de Lamadrid y una historia de amor
Antes de hablar del hotel, de la bodega o del extraordinario jardín botánico que hoy distingue a Aráoz de Lamadrid, hay algo que vale la pena conocer: la historia de las personas que hicieron posible este lugar.
Ana Jordán y Gregorio «Goyo» Aráoz de Lamadrid no llegaron a Traslasierra con la idea de abrir un hotel boutique ni de desarrollar uno de los proyectos enoturísticos más reconocidos de Córdoba. Llegaron buscando algo mucho más personal: encontrar un lugar donde vivir de una manera diferente.
La historia de ambos también tiene mucho de viaje y de segundas oportunidades. Se conocieron años atrás, pero la vida los llevó por caminos distintos. Tiempo después volvieron a encontrarse y a partir de allí construyeron una familia y empezaron a compartir un sueño que, con el tiempo, los llevaría hasta el Valle de Traslasierra.

Fue Goyo quien insistió en mostrarle a Ana San Javier. Estaba convencido de que aquel rincón al pie de las Sierras Grandes iba a enamorarla tanto como Bariloche, donde ella había vivido varios años. Y no se equivocó.
Lo que comenzó como una casa pensada para disfrutar en familia fue creciendo poco a poco. Primero llegó el paisajismo, una de las grandes pasiones de Goyo. Después los viñedos. Más tarde el jardín botánico, las obras de artistas locales, la bodega y, finalmente, las habitaciones que hoy reciben a viajeros de todo el país.

Lo curioso es que nunca planificaron un emprendimiento turístico. Fueron los propios visitantes quienes, fascinados con el lugar, comenzaron a preguntar si podían hospedarse allí. Y tal vez allí está la esencia del lugar: nada fue diseñado para impresionar a los huéspedes. Se tiene la sensación de conocer un proyecto de vida que, con el paso de los años, abrió sus puertas a los demás.
La creación de un paisaje dentro de otro paisaje
Recorrer Aráoz de Lamadrid es descubrir un lugar donde la naturaleza no fue modificada para adaptarse al turismo, sino acompañada con enorme sensibilidad.
Mientras caminábamos por la finca, Ana nos contó una frase que resume perfectamente la filosofía del proyecto: la idea era «crear un paisaje dentro del paisaje».
Y alcanza con dar unos pocos pasos para entender lo que significa.

Las 13 hectáreas de la finca conservan gran parte del monte nativo original y, en lugar de imponer jardines tradicionales, Goyo aprovechó los desniveles naturales del terreno, las grandes piedras serranas y la vegetación autóctona para diseñar un espacio acorde con el entorno.
Hay pequeños estanques con lotos y nenúfares, esculturas de artistas de Traslasierra, senderos que invitan a caminar totalmente relajados y rincones donde el paisaje cambia con cada estación del año.
Se puede apreciar un equilibrio en la elección de las especies vegetales. Incluso las plantas exóticas fueron incorporadas con un criterio muy claro: respetar la biodiversidad del lugar y evitar cualquier impacto sobre el ecosistema serrano.

Más que un parque, Aráoz de Lamadrid propone una experiencia de contemplación. Un espacio donde el arte, el paisajismo y la naturaleza conviven sin competir entre sí, invitando al visitante a recorrerlo con la misma calma con la que fue concebido.
Pero todavía no habíamos llegado a uno de los rincones más sorprendentes de toda la finca.
El cactario de Aráoz de Lamadrid
Si el parque ya nos había sorprendido, cuando vimos el cactario quedamos sin palabras, de hecho, la colección de cactus que se ha convertido en una de las más importantes de la región.
Confieso que antes de llegar pensaba que sería un pequeño sector del parque con algunas especies ornamentales. La realidad superó por completo esa idea.
Cactus columnares de varios metros de altura convivían con especies diminutas, ejemplares centenarios y variedades que jamás habíamos visto.

Lo más interesante es que el cactario no fue concebido como una atracción turística aislada. Nótese, que la finca forma parte de una red internacional de jardines botánicos y cuenta con un registro provisorio dentro de la red nacional, un reconocimiento que refleja el enorme trabajo realizado durante años para preservar y poner en valor esta colección.
Pero más allá de los números o de la importancia botánica, recorrer este espacio es una experiencia profundamente estética. La combinación entre cactus, esculturas, estanques, árboles nativos y el paisaje de las Sierras Grandes crea escenarios que cambian constantemente con la luz del día y hacen que cada paseo sea diferente.
Dormir entre viñedos, arte y monte nativo
Las habitaciones no buscan deslumbrar con el lujo entendido como ostentación. Aquí el verdadero protagonismo lo tienen los materiales nobles, las obras de artistas de Traslasierra, los objetos cuidadosamente elegidos por sus dueños y las vistas al parque y a los viñedos que entran por cada ventana.
Ana nos contaba que, originalmente, esos espacios fueron pensados para recibir a familiares y amigos. Tal vez por eso se perciben tan personales. Cada habitación tiene su propia identidad y transmite la sensación de estar alojándose en una casa donde cada objeto fue elegido con un significado especial y no simplemente para decorar un ambiente.

Durante nuestra estadía disfrutamos especialmente de esa atmósfera tan especial que invita a bajar el ritmo.
Aquí el alojamiento no es un punto de partida para recorrer Traslasierra. Es parte de la experiencia. Y eso se percibe desde el momento en que uno cruza la puerta de la habitación hasta el último paseo por los jardines antes de partir.
El vino también cuenta una historia en Aráoz de Lamadrid
La bodega Aráoz de Lamadrid es una parte inseparable de la historia de la finca y de la forma en que Ana y Goyo eligieron vivir.
Como nos contaron durante nuestra visita, el proyecto vitivinícola surgió de manera muy natural. A ambos siempre les apasionó el vino y, al descubrir que el Valle de Traslasierra reunía excelentes condiciones para la producción de vinos de altura, decidieron animarse a plantar sus primeras cepas.

Lo que comenzó como una experiencia casi personal fue creciendo con los años hasta convertirse en una bodega boutique reconocida por la calidad de sus etiquetas y por una filosofía de trabajo que prioriza el respeto por el entorno.
Aquí los vinos son de baja intervención. La idea es acompañar el proceso de la naturaleza sin modificar su esencia, permitiendo que cada botella exprese con autenticidad el carácter del suelo, el clima y la biodiversidad del valle. Una filosofía que, de alguna manera, también resume todo lo que representa Aráoz de Lamadrid.
Vino, gastronomía y paisaje: una experiencia completa
Nosotros tuvimos la oportunidad de recorrer los viñedos, conocer de cerca el proceso de elaboración y, por supuesto, disfrutar de una degustación guiada por Alejandro, quien transmite con enorme entusiasmo la historia detrás de cada etiqueta.

La propuesta gastronómica acompaña esa misma filosofía: productos de cercanía, muchos de ellos provenientes de la propia huerta de la finca o de productores del Valle de Traslasierra, cuidadosamente seleccionados para resaltar los sabores locales y armonizar con los vinos de la casa.
Un detalle que nos encantó fue que tanto los almuerzos como las cenas se comparten en una gran mesa común. Podría pensarse que eso limita la intimidad, pero sucede exactamente lo contrario. La calidez con la que Ana, Goyo y su equipo reciben a cada visitante hace que, casi sin darse cuenta, las conversaciones comiencen a fluir entre copas de vino e historias de viaje.
Lo que empezó siendo una cena entre desconocidos terminó convirtiéndose en una larga sobremesa donde todos charlábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Al despedirnos, los «hasta pronto» sonaron completamente naturales, como si ese espíritu de comunidad formara parte inseparable de la experiencia que propone Aráoz de Lamadrid.
Con reserva previa, es posible visitar la bodega, recorrer los viñedos, participar de degustaciones guiadas y disfrutar de propuestas gastronómicas especialmente diseñadas para poner en valor los productos del Valle de Traslasierra y los vinos elaborados en la propia finca.
Nuestra recomendación de Aráoz de Lamadrid
Cuando llegó el momento de despedirnos, sentimos que no solo dejábamos atrás un hotel boutique o una bodega. Nos despedíamos de un lugar donde cada conversación, cada copa de vino y cada paseo por la finca parecían transmitir la misma idea: que el verdadero lujo no siempre está en lo extraordinario, sino en la autenticidad.
Si estás planeando un viaje por Traslasierra, nuestra recomendación es que no pases de largo. Ya sea para alojarse, disfrutar de una degustación, compartir un almuerzo entre viñedos o simplemente recorrer este rincón único de San Javier, vale la pena hacerse un lugar en la agenda para descubrir un proyecto que nació del corazón y que hoy forma parte de la identidad del valle.
Porque algunos lugares se visitan y otros dejan huella.
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