Salvador de Bahía es una ciudad profundamente ligada a la fe. Iglesias, conventos y templos aparecen en cada rincón, formando parte no solo del paisaje, sino también de su historia y su identidad cultural.
Pero más allá de su valor religioso, muchas de estas iglesias son verdaderas joyas arquitectónicas: algunas sorprenden por sus interiores recubiertos en oro, otras por su historia ligada a la comunidad afrobrasileña, y otras por la energía que se vive en sus alrededores.
Durante nuestra visita tuvimos la suerte de encontrar varias de ellas abiertas, algo que no siempre sucede. Según nos contaron, la llegada de un crucero hizo que ese día muchas iglesias estuvieran habilitadas, ya que en general permanecen cerradas por falta de visitas o por cuestiones de seguridad.
Antes de empezar el recorrido, vale la pena entender qué hace tan especiales a las iglesias de Salvador de Bahía.
La mayoría fueron construidas entre los siglos XVI y XVIII y combinan estilos europeos como el barroco y el rococó con materiales y tradiciones locales. Por fuera suelen ser más sobrias, pero en su interior sorprenden con altares recubiertos en oro, tallas en madera y azulejos portugueses.
Además, muchas reflejan una de las características más únicas de la ciudad: el sincretismo religioso, donde la tradición católica convive con creencias de origen africano, dando lugar a una identidad cultural propia.
Estas son algunas de las iglesias que más nos llamaron la atención durante el recorrido.
Igreja de Nosso Senhor do Bonfim
📍 Ubicada en la sagrada colina en la península de Itapagipe, a unos 20 minutos del centro histórico.
Para el pueblo bahiano, la iglesia de Bonfim es el mayor centro de fe católica y uno de los lugares más representativos de la ciudad.

Su historia se remonta a 1745, cuando la imagen de Nuestro Señor de Bonfim fue traída desde Portugal por el capitán Theodózio Rodrigues de Faria, tras sobrevivir a una fuerte tempestad en altamar. Como parte de una promesa, llevó consigo esta devoción hasta Salvador, donde con el tiempo se construiría la iglesia que hoy conocemos.
Desde el punto de vista arquitectónico, el templo responde al estilo colonial portugués, con una fachada que combina elementos neoclásicos y rococó, y una ubicación privilegiada sobre una colina que la hace visible desde distintos puntos de la ciudad.
Pero Bonfim es mucho más que su historia o su arquitectura. Las famosas fitinhas de colores que cubren sus rejas forman parte de un ritual profundamente arraigado: cada cinta representa un deseo, y la tradición dice que, cuando se rompe con el tiempo, ese deseo se cumple.
Además, este lugar refleja como pocos la mezcla de creencias que define a Salvador. Con el paso del tiempo, el Señor de Bonfim fue asociado a Oxalá dentro del candomblé, dando lugar a una convivencia única entre religiones.
Una de las celebraciones más importantes es la Lavagem do Bonfim, que se realiza cada año en enero. Durante esta fiesta, las escalinatas de la iglesia son lavadas por mujeres vestidas con trajes tradicionales, en un ritual lleno de música, danza y simbolismo. (Este es uno de los eventos más importantes de la cultura bahiana, del que te hablamos en detalle en otro artículo.)
Catedral Basílica de Salvador
📍 Terreiro de Jesus, en pleno centro histórico
La Catedral Basílica de Salvador, también conocida como la iglesia de la Transfiguración del Señor, es el principal templo católico de la ciudad y la sede del arzobispado primado de Brasil.
Forma parte de uno de los conjuntos más importantes del centro histórico, rodeada de otros edificios y espacios clave que ayudan a entender el desarrollo de Salvador.
Su historia está profundamente ligada a los jesuitas, ya que originalmente fue construida como parte del antiguo Colegio de la Compañía de Jesús en el siglo XVI. Con el paso del tiempo, y tras la demolición de la antigua catedral, este templo pasó a convertirse en la iglesia madre de la arquidiócesis.

Desde el punto de vista arquitectónico, es uno de los grandes exponentes del barroco en Salvador. Su fachada imponente y sus proporciones equilibradas anticipan un interior con una rica decoración, donde destacan los altares tallados y el trabajo ornamental característico de la época.
Más allá de su valor histórico y artístico, sigue siendo un espacio activo, donde se celebran las principales ceremonias religiosas de la ciudad, presididas por el cardenal primado de Brasil.
Iglesia y Convento de San Francisco
📍 Centro histórico, cerca del Terreiro de Jesus
Considerada una de las iglesias más impresionantes de Brasil, es un verdadero símbolo del barroco bahiano.
Su historia se remonta a finales del siglo XVI, cuando los frailes franciscanos llegaron a la ciudad y comenzaron a construir un convento y una iglesia. Aquellas primeras edificaciones fueron destruidas durante las invasiones holandesas del siglo XVII, dando lugar al complejo actual, cuya construcción comenzó en 1686 y se extendió durante varias décadas.
La iglesia que vemos hoy fue levantada entre 1708 y 1723, y su interior terminó de decorarse a lo largo del siglo XVIII. Ese proceso largo es, en parte, lo que explica el nivel de detalle que tiene.
Por fuera puede parecer relativamente sobria, pero al cruzar la puerta el impacto es inmediato: su interior está completamente recubierto en oro, convirtiéndola en una de las expresiones más impresionantes del barroco en Brasil. Altares, paredes y techos están trabajados con una riqueza ornamental que no pasa desapercibida.
No dudes en entrar a visitarla si la encontrás abierta ya que es uno de los imprescindibles de la ciudad.
Igreja de Nossa Senhora do Rosário dos Pretos
📍 Largo do Pelourinho, en pleno centro histórico
Ubicada en una de las zonas más emblemáticas de Salvador, esta iglesia es mucho más que un edificio religioso: es un símbolo de identidad y resistencia de la comunidad afrobrasileña.
Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando personas esclavizadas y libertas, que no podían ingresar a otras iglesias, se organizaron en hermandades religiosas para construir su propio espacio de fe. La construcción fue lenta y llevó décadas, ya que muchos de sus miembros trabajaban en ella en su tiempo libre.

Desde el punto de vista arquitectónico, destaca por su imponente fachada azul con torres laterales, que contrasta con las casas coloridas del Pelourinho. En su interior, más sobrio que otras iglesias de la ciudad, se pueden ver azulejos portugueses del siglo XVIII y altares de estilo neoclásico.
Pero lo más significativo no está solo en su arquitectura, sino en su historia. Este fue uno de los pocos espacios donde la población negra pudo practicar su fe con cierta autonomía, manteniendo vivas sus tradiciones y creencias.

Esa identidad sigue presente hoy: las celebraciones y misas incorporan elementos de la cultura afrobrasileña, con música y ritmos que remiten a los terreiros de candomblé, reforzando esa mezcla única que define a Salvador.
Igreja da Ordem Terceira de São Francisco
📍 Centro histórico, junto a la Iglesia de San Francisco
Esta iglesia destaca por su fachada ricamente decorada en piedra, única en Brasil por su nivel de detalle en alto relieve. Es una obra singular del barroco, con influencias con el estilo plateresco español.

Su historia se remonta al siglo XVII, cuando la orden franciscana comenzó su desarrollo en Bahía. El edificio actual empezó a construirse en 1702 y, aunque su estructura se completó rápidamente, su evolución continuó durante siglos, incluyendo importantes reformas en el siglo XIX.
A diferencia de su vecina, el interior no es barroco dorado, sino neoclásico, con un trabajo de talla en madera considerado de los más refinados de Brasil. Altares, galerías y detalles decorativos muestran un estilo más sobrio, pensado para la contemplación.
Además, el conjunto incluye espacios menos conocidos como salas, galerías y colecciones de imágenes religiosas que funcionan casi como un pequeño museo, lo que hace que la visita sea mucho más completa de lo que uno imagina desde afuera.

Y quizás ahí está parte de su encanto: no siempre está abierta, y cuando se puede visitar, se siente como haber descubierto algo que no todos llegan a ver.
Recorrer las iglesias de Salvador de Bahía no es solo visitar templos, sino acercarse a una parte esencial de su identidad.
Cada una, con su historia, su arquitectura y sus tradiciones, refleja una ciudad donde la fe, la cultura y la herencia afrobrasileña conviven de una forma única.
Ya sea por la imponencia de sus interiores, la energía de sus rituales o lo que sucede en sus alrededores, entrar en estas iglesias es también una forma de entender Salvador desde otro lugar.
Si es tu primera vez en la ciudad, podés completar el recorrido con nuestra Guía de Salvador de Bahía.
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