Cuando se piensa en palacios cerca de París, la mayoría piensa en Versailles. Sin embargo, a mí me pasó algo distinto: hace mucho descubrí que el Palacio de Fontainebleau me gusta mucho más. Sus jardines amplios, menos concurridos, y el mismo palacio, con salas que parecen intactas en el tiempo, me conquistaron desde el primer momento.
El Palacio de Fontainebleau fue nuestra primera parada en Francia después de trece horas de vuelo. Por lo general, elegimos un destino cercano al aeropuerto antes de entrar a las grandes ciudades.
Llegar en auto a una ciudad tan preciosa como Fontainebleau fue un acierto total. Porque sí, el palacio es magnífico, pero la ciudad también tiene un encanto especial que la hace ideal para empezar a recorrer Francia con otro ritmo.
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Visita privada al Palacio de Fontainebleau.
Tour desde París para visitar el Palacio de Fontainebleau y el Castillo de Vaux-le-Vicomte.

A menos de 60 km de París, Fontainebleau guarda casi ocho siglos de historia y fue el palacio habitado durante más tiempo por los reyes de Francia.
Un lugar sorprendente que combina arte, naturaleza y la huella de grandes figuras como Francisco I y Napoleón.
La ciudad de Fontainebleau
Más allá del palacio, la ciudad de Fontainebleau tiene un encanto propio. Calles elegantes, plazas animadas, cafés con terrazas y una atmósfera relajada hacen que valga la pena dedicarle unas horas al recorrido.
Se la suele pasar por alto, eclipsada por el castillo, pero caminar por su centro es encontrarse con una típica ciudad francesa, llena de bares y restaurantes.
Ese contraste entre la majestuosidad del palacio y la escala humana de la ciudad hace que Fontainebleau sea una parada perfecta: ofrece historia y arte, pero también la calidez de un lugar vivido, con su ritmo propio.
Más allá de todo lo que hay para ver, nuestra experiencia en Fontainebleau también estuvo marcada por la ubicación del hotel: nos alojamos a pasos del palacio, lo que nos permitió recorrerlo a pie y disfrutar la ciudad con calma.
Es uno de esos tips que siempre recomiendo: elegir bien dónde dormir puede transformar la experiencia. En ciudades como Fontainebleau, estar cerca del palacio no solo ahorra tiempo, también te da la posibilidad de vivir la estadía con otro ritmo, caminando sin apuro y disfrutando cada rincón.
El Palacio de Fontainebleau a lo largo de la historia
El Palacio de Fontainebleau tiene casi ocho siglos de historia y fue habitado por 34 reyes y 2 emperadores, lo que le valió el apodo de “la casa de los siglos”.
Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando existía aquí un castillo de caza rodeado de bosques. Pero el gran giro llegó en el siglo XVI con Francisco I, el rey que introdujo el Renacimiento italiano en Francia. Fue él quien mandó traer arquitectos y artistas de Italia para transformar Fontainebleau en un palacio al estilo de los Médici, con galerías decoradas al fresco y jardines de inspiración clásica. La célebre Galería de Francisco I es uno de los mejores ejemplos de esta época.

Durante los siglos siguientes, los monarcas franceses ampliaron y embellecieron el palacio. Enrique IV mandó construir el canal y parte de los jardines; Luis XIII y Luis XIV lo usaron como residencia real, aunque este último lo relegó frente a su proyecto grandioso en Versailles. Aun así, Fontainebleau nunca dejó de ser un lugar importante para la corte.

El tercer gran momento llegó con Napoleón Bonaparte, que convirtió Fontainebleau en su residencia imperial.
Aquí firmó su primera abdicación en 1814, en la célebre Escalera de los Embajadores, antes de partir al exilio en Elba. El palacio conserva su sala del trono, la única de Francia que se mantiene intacta desde el Imperio.
En la foto de la izquierda se puede ver el icónico retrato ceremonial de Napoleón I con traje de coronación, creado en 1805 por François Gérard.
De Francisco I a Napoleón, Fontainebleau resume la historia de Francia entre sus muros: un lugar que refleja la evolución del poder, del arte y de la vida en la corte, sin perder nunca su carácter de residencia real.
Qué salones ver en el Palacio de Fontainebleau
El recorrido por el interior del palacio es un viaje a través de siglos de historia y estilos artísticos. Cada sala guarda un detalle que sorprende, desde frescos renacentistas hasta decoraciones imperiales.
Galería de Francisco I
La Galería de Francisco I es el espacio renacentista más representativo de Francia, creada en los años 1530 por Rosso Fiorentino con frescos y estucos que recuerdan a las villas italianas.
Esta decoración única que mezclaba tallas, frescos y estucos, y se convirtió en símbolo del Renacimiento francés y cuna de la Escuela de Fontainebleau.
Originalmente de uso privado del rey, recién se abrió al público a fines del siglo XVI.
La Galería de Diana de Fontainebleau
Construida bajo Enrique IV y con 80 metros de longitud, es la sala más extensa del castillo. Decorada hacia 1605 con pinturas al óleo sobre yeso dedicadas a la diosa de la caza, impresionó por su fastuosidad a los visitantes de la época.
La Capilla Real de la Trinidad en Fontainebleau
Fue empezada por Francisco I y terminada en 1633 bajo Luis XIII. Destaca por su fastuosa bóveda decorada por Martin Fréminet, precursora del Barroco.
Aquí tuvieron lugar eventos históricos como el casamiento de Luis XV con María Leszczynska en septiembre de 1725, y en 1810 el bautismo de Napoleón III fue bautizado en las rodillas de su tío Napoleón I.
El Salón de Baile de Fontainebleau
Es uno de los espacios más espectaculares del palacio. Sus dimensiones, la decoración con escenas mitológicas y la luz que entra por los ventanales lo convierten en un lugar donde cuesta dejar de sacar fotos.
Este salón construido en tiempos de Enrique II fue el escenario de las fiestas de la corte de los Valois y llegó a ser descrito por Ingres como “el Vaticano francés”.

La Sala del Trono de Napoleón
La antigua Cámara del Rey de Fontainebleau, transformada por Napoleón I en 1808 en Sala del Trono, conserva aún detalles originales del Antiguo Régimen, como su boiserie y medallones dorados de Luis XIII.
El lecho real fue reemplazado por un trono bajo un dosel púrpura con abejas doradas, símbolo máximo del poder imperial. Hoy es la única sala del Trono napoleónica existente,
Salón de los Tapices en Fontainebleau
Esta sala donde se asentaba la guardia de la Reina fue transformada en 1835 por Luis Felipe I en un elegante salón familiar.
Con techo artesonado, mobiliario histórico y tapices dorados del siglo XVII sobre el mito de Psique, refleja el gusto del rey por reunir a su familia en un entorno cargado de arte y antigüedad.

Los jardines del palacio Fontainebleau
El exterior de Fontainebleau es tan fascinante como su interior. Cada rey dejó su huella en los jardines, creando una mezcla de estilos que todavía se conserva.
La Cour d’Honneur es el corazón del castillo de Fontainebleau desde el siglo XVI y es célebre por la Escalera de Herradura y sus alas históricas. Cerrado en tres lados y abierto hacia el oeste, en dirección al pueblo, desde que se demolió la cuarta ala y se creó una puerta en 1809-1810.
Fue escenario del adiós de Napoleón a su Guardia en 1814, lo que le dio el nombre de “Patio de las Despedidas”.

El Jardín de Diana, antiguo jardín privado de la Reina, fue ampliado en el siglo XIX y rediseñado al estilo inglés. Su emblema es la fuente de Diana cazadora, la única fuente ornamental que queda de Enrique IV, que recuerda la importancia de Fontainebleau como legendario terreno de caza real.

El Gran Parterre de Fontainebleau, diseñado por Le Nôtre y Le Vau para Luis XIV, es el mayor de Europa. Aunque perdió sus setos de boj originales, aún conserva su trazado, fuentes históricas y esculturas, como las esfinges del siglo XVII que delimitan su frontera con el parque.
El Estanque de las Carpas, de 6 hectáreas y célebre desde Enrique IV, fue escenario de fiestas acuáticas en la corte de los Valois.
Su pabellón octogonal, obra de Louis Le Vau en 1662, se integra con el Gran Canal y el Gran Parterre, creando una de las vistas más emblemáticas de Fontainebleau.

Curiosidades del Palacio de Fontainebleau
- La casa de los siglos: Fontainebleau fue habitado por 34 reyes y 2 emperadores, lo que lo convierte en el palacio con mayor continuidad en la historia de Francia.
- Napoleón y la Escalera de los Embajadores: en 1814, tras su primera abdicación, Napoleón se despidió de su guardia desde esta escalera antes de partir al exilio en Elba.
- El único trono conservado: la sala del trono de Napoleón en Fontainebleau es la única en Francia que se mantiene intacta desde el Imperio.
- El salón favorito de los reyes: el Salón de Baile, encargado por Enrique II, fue uno de los espacios más utilizados para fiestas cortesanas. Hoy es también uno de los más fotografiados por los visitantes.
- El gran olvidado frente a Versailles: aunque muchos viajeros corren directo a Versailles, Fontainebleau guarda tanta o más historia, pero con un ambiente más tranquilo y sin las multitudes.

Datos prácticos para la visita al Palacio de Fontainebleau
📍 Dirección
Palacio de Fontainebleau, Place Charles de Gaulle, Fontainebleau.
🚆 Cómo llegar desde París
- En tren: desde la estación Gare de Lyon, salen trenes hacia Fontainebleau-Avon (unos 40 minutos). Desde allí, hay buses locales (línea 1) que en 10 minutos te dejan en la entrada del palacio.
- En auto: unos 55 km desde París, aprox. 1h por la autopista A6. Ideal si querés combinarlo con otros destinos cercanos.
🕒 Horarios
- Palacio: abierto todos los días excepto los martes.
- De octubre a marzo: 9:30 a 17:00 h (último acceso 16:15).
- De abril a septiembre: 9:30 a 18:00 h (último acceso 17:15).
- Jardines y parque: abiertos todos los días, entrada gratuita.
🎟️ Precio de la entrada
- Entrada general al palacio: alrededor de 13 €.
- Menores de 18 años y residentes de la UE menores de 26: gratis.
- Incluido en el Paris Museum Pass.
💡 Consejo de visita
Vale la pena dormir en Fontainebleau, como hicimos nosotros, para disfrutar el palacio y la ciudad sin prisas. Si vas por el día, te recomiendo llegar temprano para recorrer el palacio con calma y luego pasear por los jardines.

De todos los grandes palacios de Francia, Fontainebleau es el que más me gustó. Quizás porque no tiene la multitud de Versailles, o simplemente porque transmite una belleza tranquila que invita a quedarse.
El Salón de Baile es imposible de dejar de fotografiar, los jardines que cambian con la luz y la ciudad con su encanto elegante hicieron de esta parada una experiencia inolvidable.
Para mí, Fontainebleau es la prueba de que a veces lo más conocido no siempre es lo más especial.
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